Vingegaard ataca en los últimos cinco kilómetros del Blockhaus y empieza de verdad su Giro
El danés se lleva la etapa y la montaña. Eulálio aguanta el rosa pese a la ofensiva, con más de seis minutos que el favorito tiene que remontar.
Hasta esta séptima etapa, a Jonas Vingegaard apenas se le había visto en el Giro. Un ataque en una cota pequeña en Bulgaria y poco más: el resto de jornadas, posiciones retrasadas y protección ante cualquier incidente.
El Blockhaus no permitía eso.
La etapa
244 kilómetros, un puerto de segunda para calentar y el ascenso final: 13,6 kilómetros al 8,4 % de media con rampas máximas del 13,6 %, hasta los 1.665 metros. El primer puerto de primera categoría de esta edición.
“No puedes esconderte en ningún lado. Quiero ganar las tres grandes por mí, más allá del legado.”
Lo había dicho el propio danés el día anterior.
El corredor del Visma Lease a Bike, bien protegido por su equipo, atacó en los últimos 5,5 kilómetros y se llevó la etapa. Con ella, también el liderato de la montaña.
La general
Vingegaard partía con más de seis minutos de desventaja respecto al portugués Afonso Eulálio, del Bahrain, que resistió como un campeón y sigue de rosa. El luso lidera además la clasificación de jóvenes y es, con diferencia, la sensación de esta edición. El francés Paul Magnier manda en la regularidad.
Un puerto con historia reciente
El Blockhaus lo conoce bien Jay Hindley, compañero de Giulio Pellizzari: ganó allí en 2024, en una etapa más corta de 191 kilómetros con salida en Isernia, por delante de Romain Bardet y Richard Carapaz, en la jornada en la que Juanpe López lucía la maglia rosa.